
Nos están robando la juventud
La cronofagía no solo nos quita minutos en el tráfico. Nos arrebata experiencias, oportunidades y años de vida que jamás volverán.
Por: Yulissa Vargas
Mientras muchos hablan del tráfico como una simple molestia cotidiana, miles de jóvenes en Lima viven una realidad mucho más profunda. Cada mañana salen de sus casas antes del amanecer y regresan cuando el día ya terminó. Pasan horas atrapados en buses abarrotados, estaciones congestionadas y avenidas colapsadas. Lo que parece una rutina normalizada es, en realidad, una forma silenciosa de violencia: el robo sistemático del tiempo.
La cronofagía, entendida como la devoración del tiempo, tiene consecuencias que van más allá de llegar tarde a una clase o a una reunión. Significa perder horas de estudio, descanso, recreación y convivencia familiar. Significa renunciar a actividades que contribuyen al desarrollo personal y profesional. Para muchos estudiantes universitarios, el trayecto diario se convierte en una jornada adicional de trabajo no remunerado que desgasta la mente y el cuerpo antes incluso de comenzar el día.
Lo más preocupante es que hemos aprendido a convivir con esta realidad como si fuera inevitable. Nos hemos acostumbrado a escuchar historias de jóvenes que invierten cuatro o más horas diarias en desplazarse por la ciudad. Sin embargo, detrás de cada viaje interminable existe una oportunidad perdida: una lectura que no se realizó, una hora de sueño que no se recuperó, un momento compartido con la familia que nunca ocurrió.
Durante la elaboración de este especial periodístico escuchamos testimonios que revelan cansancio, frustración y resignación. Jóvenes que sienten que su vida transcurre mirando por la ventana de un bus mientras sus proyectos personales quedan en pausa. Esta sensación no debería formar parte de la experiencia universitaria ni de la vida de ningún ciudadano.
Lima no solo enfrenta un problema de transporte. Enfrenta un problema de calidad de vida. Mientras el tiempo siga siendo el tributo que millones de personas pagan diariamente para desplazarse, seguiremos siendo una ciudad que consume los sueños y la energía de quienes intentan construir su futuro.
La pregunta ya no es cuánto tráfico soportamos. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más estamos dispuestos a perder.

Foto: creada con IA


